11 marzo – 19:30h – Sala de Prensa Fundación Círculo (ver Google Maps)
Un viaje al corazón del trabajo humano, desde sus raíces rurales hasta los entornos tecnológicos de hoy
Por si te lo perdiste: crónica del taller
El pasado miércoles 11 de marzo vivimos una jornada de reflexión y diálogo sobre el futuro del trabajo y cómo navegar en los turbulentos entornos VUCA (Volátiles, Inciertos, Complejos y Ambiguos). Aunque echamos de menos a la comunidad universitaria —punto clave para el relevo generacional—, el intercambio con los asistentes fue de gran valor.
Exploramos cómo el mercado laboral está dejando de valorar «lo que se sabe» para centrarse en «cómo se aprende y se colabora». La conclusión fue unánime: las habilidades duras te abren la puerta de la entrevista, pero las soft skills son las que hacen que te contraten y promocionen. En un mundo de algoritmos, la empatía, la comunicación asertiva, la escucha activa, el liderazgo ético y la resiliencia son nuestra verdadera ventaja competitiva.
Uno de los puntos comentados por los asistentes fue la necesidad urgente de trabajar estas soft skills desde la infancia. Como señalaron los participantes, no podemos esperar a la vida adulta para improvisar estas capacidades; deben ser la base de nuestra educación para no ser «analfabetos del siglo XXI», incapaces de desaprender y reaprender.

Hablemos de inteligencia artificial
Hablamos de la IA: Más que el avance de la tecnología en sí, comentamos una preocupación real por la «desvinculación cognitiva». La IA es un motor potente, pero si los jóvenes se acostumbran a delegar en ella el pensamiento, corremos el riesgo de perder el criterio propio y la responsabilidad ética. La clave no es obedecer a la IA, sino dirigirla con un pensamiento crítico afilado.
Los algoritmos son excelentes medios de predicción, pero carecen de volición, conciencia y criterio moral. El juicio humano sigue siendo el «cuello de botella» definitivo que decide qué vale la pena predecir y qué límites éticos no se deben cruzar.

Conclusiones finales
Simbiosis Humano-IA: La tecnología aporta eficiencia, pero solo el ser humano aporta sentido y propósito. Es necesaria una brújula de pensamiento crítico para dirigir la IA con responsabilidad.
Aprender, desaprender y volver a aprender: La formación no termina con un título; es un proceso continuo de actualización.
Entrenamiento diario: Las habilidades blandas se cultivan pasando de la teoría al hábito, con disciplina y reflexión.

